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¡Extra, extra!

Pequeñas historias de la Gran Guerra, junto con los otros magníficos títulos de la editorial Libros de la Ballena salen por fin del mar.

Sábado 11 de junio a las 12:30h en la Feria del Libro de Madrid, Pabellón de las Universidades.

día 11 de junio de 2011, a las 12:30h Pabellón de las Universidades

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Combustible para la batalla Primera Guerra Mundial. Reclutamiento inglésUna de las cosas que más llaman la atención en las crónicas de Gómez Carrillo es ver cómo los soldados son considerados mero combustible para la guerra. Durante su recorrido por el Frente Occidental, Gómez Carrillo lamenta el trágico destino de quienes luchan y el sinsentido que es la guerra, especialmente esta, que depende más de la estrategia, de cómo se dispone a los hombres, que del arrojo o la valentía de las acciones individuales. Por ello, como vemos tantas veces en la actualidad, los hombres se ven reducidos a cifras o masas sin rostro situadas sobre un mapa, a peones cuyo único fin es ocupar terreno para evitar que lo ocupe el enemigo. Este fragmento es especialmente esclarecedor:

«¡Qué extraña cosa es una guerra científica! Los cañones no se ven, los hombres no se ven. Un hilo telefónico une a los observadores que están en sus cuevas, a pocos pasos del adversario, con las baterías de los fuertes. Y los hombres mueren, no obstante, en esas fosas que ya tienen algo de sepulturas; los hombres matan desde sus escondites; los hombres luchan sin moverse, sin verse, sin conocerse… Ayer, nada menos, un Blockhaus que los alemanes habían construido aquí cerca, y en el cual dormían doscientos soldados, recibió un obús de 120 y se convirtió en una tumba. Hoy los franceses han ocupado esa ruina, han enterrado a los muertos, y esta noche, después de reparar el techo de la caverna, dormirán ahí, sin saber si un obús les hará despertarse también en otro mundo».

Pequeñas historias de la Gran Guerra

Enrique Gómez Carrillo

Estas crónicas venían de la mano de Benito Pérez Galdós, que hizo un prólogo que hemos recogido. Independientemente, queríamos un aire fresco y contemporáneo para arropar esta antología, nos lo ha dado Javier Azpeitia, nuestro auténtico padrino… y un pedazo de escritor. Aquí sus palabras:

«Esta antología se ha realizado, sin perder de vista el criterio cronológico, con una mezcla tan hábil como infrecuente de intuición narrativa y de rigor en el conocimiento de la obra de Gómez Carrillo. Responde al plan de acercarnos paulatinamente, desde la visión general de Francia que posee el autor, a su objetivo central: el comportamiento del hombre en la guerra.

Gómez Carrillo nos está abriendo las puertas de las salas del infierno. Al acabar la visita, el lector contemporáneo, para el que hace ya tanto tiempo que enmudeció el estruendo de aquellos obuses, no puede dejar de salir convaleciente como un soldado alcanzado por la metralla».

Maurice Neumont

Maurice Neumon

Maurice Neumon

Journée du poilu

Adolphe Willette

Creyendo que la trinchera situada frente a la mía estaba completamente vacía, di un salto y me asomé al parapeto de los boches. ¡Plum!… Un oficial prusiano estaba ahí, rodeado por un grupo de soldados. Por instinto eché mano a mi revólver, pero al acordarme de que no estaba cargado, tuve ganas de tirarlo… Mi asistente me dijo al oído: «Apunte usted». Yo apunté. Entonces el prusiano levantó las manos, gritándome en inglés: «Don’t shoot…». Aquella frase me tranquilizó el ánimo y me hizo adquirir un gran valor… Le contesté: «A todos los mataré en el acto si no entregan sus armas». Todos entregaron sus fusiles, que mi asistente fue sacando uno por uno… Eran nueve…

Enrique Gómez Carrillo

Pequeñas historias de la Gran Guerra

A principios de septiembre de 1914 los alemanes se acercaban peligrosamente a París. Mientras tanto, Joffre esperaba con paciencia y Gallieni comenzaba a ponerse nervioso ante la parsimonia de su antiguo discípulo. Ancho es el Marne, y el general alemán Von Kluck había dispuesto bien a su ejército. A pocos kilómetros de París, el frente. En el frente, muchos soldados. Entre los soldados, pocos franceses. ¿Qué intenta Joffre dejando a los alemanes acercarse tanto?, debía preguntarse Gallieni. Pero afortunadamente el gobernador militar de la ciudad de las luces era un hombre de acción: cogió abrigo y sombrero, bajó a toda prisa las escaleras y llamó a un taxi. ¿Taxi? ¡Taxi! ¡Eureka! Acaba de comenzar el milagro del Marne. Gallieni, consciente de la necesidad de enviar rápido más soldados al frente, ordena que todos los taxis y chóferes de París se congreguen en la explanada de los Inválidos. El día 6 de septiembre mil doscientos taxis llevan a cinco mil hombres al frente, y el ejército francés consigue la victoria que cambió el rumbo de la guerra. Así son los parisinos, a última hora cogen y van a la guerra en taxi.

«Es usted impresionable e incansable. Es usted ansioso y deseoso; y hemos convenido en que sin escribir versos, es usted un poeta. En el Japón, en efecto, se siente usted un alma de laqueur o un artesano de zatzumas, pero ¿acaso antes en Hungría no se había usted sentido un instinto de tocador de violín?, ¿no me dijo usted una vez que había soñado con hacerse monje en Ávila?, ¿no es usted madrileño cuando le viene en gana, argentino cuando quiere y parisiense de París en todas horas y de todas maneras?…».

 

Rubén Darío

Prólogo a De Marsella a Tokio